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martes, 15 de noviembre de 2022

Ischigualasto - Parque triásico SAN JUAN

El Parque Natural Provincial Ischigualasto se encuentra emplazado en el nordeste de la provincia de San Juan, a 330 km de la ciudad capital y a 75 km de la localidad de San Agustín del Valle Fértil. Este pequeño pueblo es la base de partida de las excursiones que permiten conocer –a través de un circuito estrictamente delimitado- la pequeña porción del Parque accesible para el turismo.





Popularmente conocido como “Valle de la Luna”, este fascinantemente extraño lugar del mundo ocupa unas 62 mil hectáreas y es, junto a su vecino Parque Nacional Talampaya, en la provincia de La Rioja, Patrimonio de la Humanidad. Su importancia radica en el valor científico de los hallazgos paleontológicos realizados en el lugar, donde se encuentra una secuencia prácticamente completa del Período Triásico (superior - medio e inferior) de la Era Mesozoica. Recorrer Ischigualasto significa posar los pies sobre los mismos caminos que hace 180 millones de años recorrieron los dinosaurios. El suelo de aspecto lunar y las particulares geoformas esculpidas por el agua, el sol y el viento sobre las rocas a lo largo de millones de años, hacen de este un sitio de otro planeta. Visitarlo permite espiar la evolución de la Tierra.







En el ingreso a Ischigualasto, el Cerro Morado regala la vista de paredes verdaderamente enormes. Para obtener las mejores panorámicas hay caminatas hasta su cumbre. En la cima se avistan cóndores y se observa la particular vegetación del lugar: especies de monte, cactáceas, retamas y jarillas. Entre ellas deambulan guanacos, zorros y vizcachas. Hacia el interior del Parque, el circuito principal -que se recorre exclusivamente en vehículo y con la compañía de un guía autorizado- alcanza 42 km y lleva 3 horas de duración. Durante el paseo se realizan paradas para tomar las infaltables fotografías en las estaciones: El Gusano, Valle Pintado, Cancha de Bochas, El Submarino y El Hongo, donde se descubre el trabajo sereno, permanente pero inclaudicable, de la naturaleza: las piedras presentan aquí extrañas y misteriosas formas.






En las noches de luna llena, en la oscuridad sanjuanina la luz del satélite terrestre vuelve a Ischigualasto aún más extraño y deslumbrante. Recorrer el Valle Pintado, observar las caprichosas geoformas (El Submarino, La Esfinge, Las Bandejas, El Hongo), andar la antigua tierra de los dinosaurios en el silencio de la noche es una experiencia única e inolvidable, para la vista… y para el espíritu.











En la entrada del Parque, el Centro de Interpretación montado por el Museo de Ciencias Naturales de San Juan, presenta réplicas de los fósiles más importantes hallados aquí. Y tiene como misión difundir la importancia científica de Ischigualasto.















sábado, 12 de noviembre de 2022

El increíble arroyo turquesa escondido en Barreal SAN JUAN

 


Se hacen salidas grupales para conocer este impresionante lugar. Toma su nombre debido al color azulado de sus aguas.
Es un lugar espectacular, bien sanjuanino, ubicado en el corazón cordillerano. Se llama "Arroyo Turquesa", en clara alusión al tono de sus aguas, que adquieren ese tono por los minerales que contiene, en especial por el cobre. Este impresionante paisaje se puede descubrir en Barreal, Calingasta y para conocerlo hay que dedicarle unos días de treakking.





Casi como si no debiese estar ahí, entre los matices marrones y grises de la cordillera el ojo encuentra un espejo de agua turquesa, su color increíble y vibrante es tan contrastante con el fondo neutro que cuesta creer que su tono sea de origen totalmente natural.

Dónde se encuentra

El Mercedario, el monte que lo acoge, es la cuarta cumbre más alta de América. El arroyo está ubicado a 3.800 metros sobre el nivel del mar y su color se debe a la presencia de cobre que tiñe las piedras del fondo y así adquieren esta tonalidad.





En medio de la naturaleza y la inmensidad de los Andes, la aventura empieza apenas se pone un pie en Laguna Blanca, punto del que parte el trekking guiado, desde ahí comienza un recorrido de tres días entre tierra colorada y aire de montaña que ya vale la pena por sí sólo.


Para llegar hay que tener resistencia y muchas ganas de hacer una caminata extensa. El recorrido va cortando el camino por medio de las agrestes montañas sanjuaninas a más de 3.000 metros de altura. Hay un refugio, Guanaquito (3.600 msnm) donde parar y hacer noche antes de retomar la travesía a primera hora de la mañana siguiente.


Por el camino se pueden apreciar los hilos de deshielo que se despliegan desde su punta, entre ellos el Glaciar el Caballito, que se cruza en la caminata y es donde se encuentra la naciente del Arroyo Turquesa. Al llegar al agua coloreada y serpenteante todo tiene sentido. Llegar a la meta es una recompensa por dos razones, porque es un festín para los ojos y porque es el momento de relajar las piernas cansadas.