"Nuestro Destino De Viaje Nunca Es Un Lugar, Sino Una Nueva Forma De Ver Las Cosas.!

jueves, 28 de mayo de 2026

Puerto Pucará: El rincón secreto donde el muelle de Chachín toca el paraíso escondido de Neuquén.


En el corazón salvaje del Parque Nacional Lanín, existe un punto donde la cordillera de los Andes se rinde ante la inmensidad del agua cristalina. Puerto Pucará no es solo un muelle de madera vieja; es la frontera exacta entre el turismo tradicional y la aventura indómita de la Patagonia profunda.





Un oasis de paz absoluta

Ubicado en el extremo oeste del lago Nonthué, a pocos kilómetros de la imponente cascada del río Chachín, este puerto natural se desmarca del ruido de San Martín de los Andes. Es un paraje donde el silencio solo se interrumpe por el sonido del viento entre los coihues y el suave oleaje lacustre.






Razones de su impacto visual

  • Agua turquesa: 
El lago Nonthué ofrece tonos verdes y celestes de una pureza inexplicable.

  • Selva Valdiviana: 
La vegetación abraza la costa con helechos gigantes, cañas y árboles centenarios.

  • Aislamiento místico: 
La desconexión tecnológica es total, obligando al visitante a conectar con el entorno.

Cómo vivir la experiencia

Para quienes buscan una experiencia auténtica, llegar a Puerto Pucará mediante navegación o transitando la mítica Ruta Provincial 48 es descubrir el Neuquén que pocos logran ver: virgen, eterno e impactante.









El fantasma maderero de Chachín: El ermitaño que custodiaba Puerto Pucará

Detrás de la postal turística de aguas turquesas de Puerto Pucará, late una memoria de soledad, hacheros y supervivencia extrema. La historia más impactante del paraje es la de "Yeyo", el legendario ermitaño de Chachín.

El guardián del silencio

Durante décadas, cuando el turismo ni siquiera soñaba con llegar a este rincón del Parque Nacional Lanín, la zona vivía de la explotación maderera y el aislamiento total. 
Entre los densos bosques de coihues, Don Yeyo se convirtió en un mito viviente.

Un refugio impenetrable: 
Vivía completamente solo en los puestos madereros abandonados y cuevas cerca del arroyo que hoy lleva su nombre (Arroyo Don Yeyo), al sur del cerro Chachín. No usaba dinero. Bajaba esporádicamente hacia el muelle de Puerto Pucará o a los hogares de los pocos pobladores rurales para pedir yerba, harina y tabaco a cambio de su silencio o de pequeñas tallas.

Vivió bajo sus propias reglas de libertad absoluta entre la cordillera hasta su muerte en 2010.
Hoy en día, su rostro rústico está inmortalizado en un cuadro dentro del cercano Museo Castillito Van Dorsser, cada vez que el viento sopla fuerte sobre el muelle de madera de Puerto Pucará, los lugareños dicen que es el espíritu de Yeyo, cuidando que el progreso no rompa la mística de su amado paraíso escondido.