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miércoles, 10 de julio de 2019

Tigre. Museo del Arte



Hacia finales del siglo XIX, la localidad de Tigre, ubicada a pocos kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires y sobre el delta del río Paraná, era lugar de veraneo, sitio de práctica de deportes náuticos y cita de moda para la clase alta de entonces, élite que gobernaría por sí misma la Argentina hasta mediados del siglo siguiente.




Sin embargo, la zona carecía de un hotel de categoría que pudiera dar estadía adecuada a la aristocracia porteña y a cierto sector de la clase media acomodada que comenzaba a emerger a partir del modelo agroexportador dominante –como ahora, vale advertir– y que tenía su centro neurálgico en el puerto de Buenos Aires.





Nacida de un grupo de hombres que habitualmente practicaban remo en el lugar, la idea de construir un hotel comenzó con la búsqueda del predio adecuado, eligiéndose uno ubicado en las márgenes del río Luján. El diseño del edificio estuvo a cargo del ingeniero Emilio Mitre, hijo del presidente Bartolomé Mitre, y su construcción se inició en 1873, inaugurándose formalmente el 12 de febrero de 1890.


Fue en 1912 que, junto al hotel, se inauguraba el centro lúdico, social y cultural que lo complementaría: el Tigre Club, un bello ejemplo de la heterogénea ‘belle epoque’ argentina cuya construcción estuvo bajo la dirección de los arquitectos franceses Louis Dubois y Paul Pater, con financiación de quienes hicieran lo propio con el hotel lindero: Ernesto Tornquist, Luis García y el mencionado Mitre.







Su objetivo era fomentar el esparcimiento y el trato entre los habitués del hotel y de la zona, que ya contaba con magníficas mansiones y palacetes; especialmente con el casino de la planta baja y su majestuoso salón de baile oval en la planta alta. Los imponentes conciertos así como las fiestas de fin de año y de carnavales eran citas obligadas incluso para personalidades e intelectuales como Rubén Darío, quien allí escribió su poema ‘Divagaciones

Cuatro años después de la inauguración del Club, el tren eléctrico llegaba a Tigre para dar nuevo impulso al turismo aristocrático. Hasta entonces, la mayoría de los porteños adinerados llegaba a esa zona en carruajes y en los primeros vehículos a motor, lo que de todos modos llevaba varias horas de viaje debido a cierta precariedad de los caminos.





Durante un par de décadas nada cambió… Pero en 1939, con la decadencia política de la aristocracia ganadera de la Pampa húmeda y tras las consecuencias de la crisis mundial del 30, el Tigre Hotel cerraba definitivamente sus puertas. Un año más tarde, un incendio devoraba la estructura del edificio y sus restos sufrían el abandono, siendo demolidos a principios de la década del 40.







Previamente, una ley de 1933 que prohibía los juegos de azar fue lapidaria y derivó en la decadencia y también el abandono del Tigre Club, que no obstante permanecería en pie y por muchos años sería solo un ruinoso monumento que remitía a la era de esplendor de la oligarquía argentina que, como dijo Domingo Faustino Sarmiento, supo relucir “con olor a bosta de vaca”.

Muchos años más tarde, ya en 1974, la Municipalidad de Tigre expropiaba el edificio del viejo Club, cuya estructura edilicia aún se sostenía más o menos intacta junto al recuerdo sombrío del desaparecido hotel homónimo. Pero será recién en 2006 y tras muchos reacondicionamientos cuando, finalmente, es inaugurado el actual Museo de Arte de Tigre










San Telmo: un barrio a pura historia, arquitectura y tango


San Telmo es uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires. Debido a esta característica, acumula una gran cantidad de edificios emblemáticos de la identidad arquitectónica porteña, entregándonos en cada calle una nueva propuesta de alto valor estético. Al mismo tiempo, es una zona con un toque romántico, bohemio y especial, en la cual el tango brilla con luz propia. Conocemos a continuación un poco más de la cultura de San Telmo y hacemos un breve recorrido por sus construcciones más destacadas.



Las edificaciones de San Telmo se corresponden con distintas etapas de la arquitectura de Buenos Aires, porque al ser un barrio con tantos años de historia se han superpuesto estilos y tendencias de distintas épocas. Sin embargo, prevalecen varias construcciones antiguas que le otorgan un aire único al barrio, en una extraña y sugerente mezcla de espíritu colonial y europeo, toques contemporáneos y una dinámica actividad cultural, con variadas alternativas para el público local y para el turismo internacional.















Precisamente pensando en ese turista foráneo es que la noche mantiene una dinámica actividad en este barrio, con propuestas que incluyen desde una cena show de tango en El Querandi en San Telmo hasta una amplia lista de bares, algunos de ellos con un concepto histórico y rememorando las viejas prácticas porteñas y otros apostando a una idea más actual, como es el caso de los bares temáticos. De una u otra forma, el tango irrumpe con fuerza en las calles de San Telmo, ya sea mediante los locales especializados o a través de talentosos bailarines que muestran sus destrezas en las propias calles del barrio.












Otro punto que destaca en el barrio es la gran cantidad de alternativas gastronómicas. Realmente concentra toda clase restaurantes, bodegones y espacios de comida temática, en una amplia diversidad de posibilidades, que se adapta a todos los gustos y bolsillos. Al mismo tiempo, centros culturales y museos enriquecen la oferta cultural, dejando en claro por qué San Telmo se encuentra a la altura del refinado gusto del turista europeo, uno de sus visitantes más asiduos.

Como decíamos anteriormente, el tango se hace presente en la zona de San Telmo. Una propuesta interesante es el llamado restaurante de tango, una clase de local gastronómico que ofrece platos específicos y, al mismo tiempo, una alternativa cultural protagonizada por un show de tango. Por supuesto, esta clase de restaurantes son uno de los preferidos del turismo internacional.











La arquitectura de San Telmo

Volviendo a las características arquitectónicas de San Telmo, realizamos un breve recorrido por algunos de sus edificios más representativos:

Manzana de las Luces. Se localiza en calle Perú 272, siendo una herencia directa del pasado jesuita de Buenos Aires, y abarca la manzana que incluye a las arterias Alsina, Moreno, Bolívar y Perú. Los primeros edificios de la zona habrían sido construidos sobre 1767 por los jesuitas, incluyendo la sorprendente red de túneles que se localiza en el interior de la manzana.

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Ubicado en San Juan 350, fue edificado en 1918. La fachada presenta características neorrenacentistas.

Iglesia Nuestra Señora de Belén. Se localiza en Humberto Primo 340, y fue declarada como Monumento Histórico Nacional. Es uno de los edificios religiosos más antiguos de la ciudad, habiendo sido inaugurado en 1876. Una fachada ecléctica, con detalles del neocolonial barroco, caracteriza al edificio.

Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires. Se encuentra en San Juan 328, siendo una de las construcciones modernas que marcan una diferencia más notable con el estilo antiguo que caracteriza a San Telmo. Fue inaugurado en 2012, con una estructura de caja transparente y fachada vidriada que intenta una integración con el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.