En el norte profundo de la provincia de Córdoba, donde las Sierras Chicas empiezan a suavizarse, existe un rincón habitado por apenas 2500 personas que logró ganarle la pulseada al avance de la modernidad. Villa Tulumba es el pueblo más antiguo de Córdoba y un auténtico "museo a cielo abierto", distinguido por las Naciones Unidas en los prestigiosos premios Best Tourism Villages 2024 como uno de los pueblos más hermosos y sustentables del mundo. Caminar por sus calles empedradas, alumbradas por antiguos faroles de principios del siglo XX y escoltadas por imponentes casonas de adobe del siglo XVIII, es lo más cercano a abordar una máquina del tiempo.
🏛️ Los orígenes: de la resistencia originaria a las Mercedes Reales
Mucho antes de que los conquistadores españoles divisaran este valle serrano, el territorio estaba densamente habitado por la comunidad originaria de los sanavirones. Este pueblo, destacado por su avanzado desarrollo agrícola y sus sistemas de riego, dejó su huella eterna grabada en valiosas pinturas rupestres ocultas en los cerros cercanos.
Hacia finales del siglo XVIII, Tulumba se había convertido en un punto neurálgico para el Virreinato del Río de la Plata. Su ubicación estratégica, justo entre el Camino Real del bajo y el del alto, le permitía ser la gran aduana y puesto de control del comercio que unía al puerto de Buenos Aires con el Alto Perú (hasta la rica ciudad de Lima). Fue la época de oro del comercio de mulas: aquí se criaba y engordaba el ganado mular destinado a las minas de Potosí.
✝️ Intrigas políticas, la "Catedral del Norte" y tesoros artísticos.
Las calles de Tulumba no solo guardan comercio y realeza; también son el escenario de grandes secretos y tragedias de la historia argentina.
La Catedral del Norte
El Tabernáculo Jesuítico
Hoy en día, el corazón del pueblo late en las famosas Cuatro Esquinas, la intersección de calles pedreras donde los lugareños se reúnen a compartir leyendas locales a la sombra de los árboles. Los visitantes quedan fascinados tanto por la calidez de sus habitantes como por los senderos que bordean el Río Suncho y los mitos de la Salamanca que rondan la Ermita del Cerro.
Gracias a esta admirable conservación arquitectónica y a un modelo comunal que resguarda activamente el folklore, la gastronomía típica (como los tradicionales chivitos, colaciones y empanadas criollas) y las costumbres rurales, Villa Tulumba ostenta los títulos de Poblado Histórico Nacional y uno de los destinos sustentables más bellos del planeta. Un pueblo mágico que se niega a olvidar quién es.

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