"Nuestro Destino De Viaje Nunca Es Un Lugar, Sino Una Nueva Forma De Ver Las Cosas.!

miércoles, 5 de agosto de 2026

Donde el reflejo del cielo descansa: la magia de la Laguna Las Acollaradas. Bolivar, Buenos Aires


En el corazón de San Carlos de Bolívar, en el interior de la provincia de Buenos Aires, existe un refugio natural donde el tiempo parece detenerse para dar paso a la calma. La laguna del Parque Municipal Las Acollaradas es mucho más que un espejo de agua; es el alma verde y el orgullo de una comunidad que encuentra en sus orillas el escenario perfecto para desconectarse de la rutina.







Custodiada por una imponente arboleda y hileras de vistosas palmeras, la laguna invita a la contemplación desde el primer instante. Uno de sus rincones más emblemáticos es el histórico puente colgante, una estructura peatonal que cruza el agua y conecta directamente con una pequeña y pintoresca isla central. Cruzar este puente, sentir el suave balanceo y observar el nado parsimonioso de los patos es un rito obligatorio para los viajeros y locales.

Este oasis de más de diez hectáreas ofrece propuestas para todos los gustos. Quienes buscan tranquilidad disfrutan de los atardeceres dorados mate en mano, cobijados por la sombra de árboles añejos o descansando cerca de la clásica glorieta. Para las familias y los amantes de la vida al aire libre, el predio del parque cuenta con sectores acondicionados con parrillas, hornos de barro públicos, espacios recreativos para niños y senderos ideales para caminatas o actividades deportivas. Además, durante la temporada estival, el complejo se transforma gracias a las atracciones de su parque acuático y natatorio municipal.









Ubicada a poco más de 300 kilómetros de la Capital Federal, la Laguna de Las Acollaradas se consolida como una escapada ideal de fin de semana para reconectar con la naturaleza bonaerense. Un destino hospitalario, sereno y lleno de postales inolvidables que espera a ser descubierto.






El Parque Municipal Las Acollaradas y su laguna combinan un origen natural criollo con una posterior planificación urbana en dos etapas clave:

El origen natural y su nombre (1873)

  • Las lagunas originales
La región donde hoy se asienta San Carlos de Bolívar albergaba un sistema natural de cinco lagunas encadenadas.

  • El registro histórico
Su existencia fue documentada oficialmente por primera vez en 1873 por el sargento mayor Federico L. Melchert.

  • El término "Acollaradas" 
Los gauchos y criollos de la zona llamaban a estas lagunas unidas o "encadenadas" como lagunas "acollaradas", un vocablo rural que hace referencia a la acción de atar o unir a dos animales por el cuello. 

La creación del parque público (1937)

El parque municipal que rodea y preserva el espejo de agua actual fue inaugurado en 1937. 
El diseño inicial comenzó con la plantación masiva de palmeras y árboles añejos para dotar de sombra y paisajismo al predio.

A fines de la década de 1960, soldados del Ejército Argentino construyeron una réplica de un fortín histórico y colocaron el puente colgante actual que conecta con la glorieta. 
En los años 90 se sumó la iluminación artificial y en los últimos años se incorporaron el parque acuático, el natatorio y los complejos deportivos.




sábado, 1 de agosto de 2026

Caminar entre lo invisible: una mañana de niebla en Bolívar, Buenos Aires



La mañana de hoy borró las líneas del mundo. Salí a caminar por la zona de quintas en Bolívar y me encontré con un paisaje suspendido en el tiempo. La niebla densa y baja transformó las arboledas familiares en siluetas fantasmales y misteriosas.
En este rincón bonaerense, donde el horizonte suele ser infinito y llano, la niebla trajo un límite inesperado. 

Caminar así obliga a mirar el suelo que se pisa. El pasto húmedo, el olor a tierra mojada y el silencio casi absoluto dictan un ritmo pausado. Las quintas, separadas por alambrados que hoy parecen no terminar en ningún lado, guardan sus historias detrás de un velo blanco.









Esta caminata se convirtió, casi sin querer, en un ejercicio de introspección. Cuando el afuera se apaga y lo visual desaparece, el adentro gana volumen. La niebla nos recuerda la importancia de avanzar a ciegas, confiando en el siguiente paso aunque no veamos el destino final. En un mundo que exige certezas constantes, la llanura escondida de Bolívar me regaló hoy la belleza de lo incierto.













jueves, 30 de julio de 2026

El cielo se enciende, la magia de la tarde que cae en la ruta de Henderson, Buenos Aires


El viaje por la provincia de Buenos Aires guarda sus mejores secretos para el final del día. Cuando las agujas del reloj avanzan y la rutina empieza a ceder, la ruta que abraza a la localidad de Henderson se convierte en el escenario de un espectáculo visual inigualable: el inicio del atardecer.









Es un instante de transición perfecta. El azul del cielo se funde con pinceladas de tonos naranjas, rojizos y violetas profundos. En la ruta, el tránsito parece fluir a otro ritmo, contagiado por la serenidad del entorno. La brisa de la tarde empieza a refrescar el ambiente mientras los últimos rayos de luz se despiden de la tierra bonaerense, prometiendo un descanso merecido y el nacimiento de una noche estrellada en el corazón del llano.









Hay un momento exacto en la ruta, justo cuando la tarde cede su lugar, en el que el viaje deja de ser kilómetros para convertirse en memoria. Manejar por los accesos a Henderson mientras el sol empieza a caer es, para mí, un reencuentro con la calma más pura.
El paisaje bonaerense se vuelve inmenso. El cielo se transforma en un lienzo de amarillos, naranjas y violetas que parece no terminar nunca. En ese instante, el ruido del motor se vuelve un murmullo de fondo y la mente se limpia. Mirar por el espejo retrovisor y ver cómo la luz dorada tiñe el asfalto me conecta con los recuerdos de siempre: el olor a pasto seco, la silueta de los molinos a lo lejos y la certeza de que estoy en casa. El atardecer en estas rutas no es solo el final del día; es un refugio necesario para el alma.









Henderson es la ciudad cabecera del partido de Hipólito Yrigoyen, ubicada en el centro-oeste de la provincia de Buenos Aires, a unos 400 kilómetros de la Capital Federal. Fundada oficialmente el 16 de noviembre de 1909 gracias al impulso del Ferrocarril Midland, la localidad nació en torno a la vieja estancia "La Porteña" y debe su nombre al director de la compañía ferroviaria, Frank Henderson.

Con una población que ronda los 10.000 habitantes, es una comunidad fuertemente arraigada a la producción agrícola y ganadera. Quienes transitan sus calles o llegan a través de la Ruta Provincial 86 se encuentran con un lugar que combina la tranquilidad típica del interior bonaerense, su plaza principal arbolada y la calidez de su gente, transformándolo en un punto perfecto para desconectar y contemplar la inmensidad de la llanura pampeana.