En el corazón de la Ruta Provincial 80, donde las llanuras bonaerenses comienzan a arrugarse para dar forma a las Sierras de Azul, emerge un secreto de piedra, fe y silencio.
Este corredor escénico, que une la tranquilidad de la localidad de Chillar con el impactante paraje de la Boca de las Sierras, custodia una de las postales rurales más bellas, místicas y menos conocidas de la provincia de Buenos Aires.
Quien transita la Ruta Provincial 80 buscando el abrazo de las rocas más antiguas del planeta se topa, casi como un espejismo, con una pequeña e idílica capilla de estancia construida íntegramente en piedra de la zona.
A diferencia de las imponentes iglesias urbanas, este oratorio rural fue concebido para mimetizarse perfectamente con el entorno serrano. Levantar paredes con la propia roca del sistema de Tandilia no fue solo una decisión estética; era el uso noble de la materia prima que ofrecía el suelo, dotando a la construcción de una resistencia eterna contra los vientos de la pampa húmeda. Su arquitectura sencilla y su silueta solitaria recortada contra el cielo azul la convierten en una parada obligada para los amantes de la fotografía y de los viajes sin prisa.
El origen. Fe y progreso entre Chillar y Azul.
Para entender la existencia de estos refugios espirituales hay que remontarse a los orígenes de la región. Chillar nació a la par del Ferrocarril del Sud en 1912, poblándose rápidamente de inmigrantes italianos, españoles y vascos. En aquellos tiempos de caminos difíciles y distancias inmensas, los dueños de las grandes estancias de la zona decidieron construir sus propios oratorios y capillas.
El objetivo era doble, por un lado, agradecer la fertilidad de estas tierras altas (Chillar es de los pocos pueblos bonaerenses a más de 200 metros sobre el nivel del mar); por el otro, ofrecer a los trabajadores rurales y a sus propias familias un espacio cercano para la oración, evitando los extenuantes viajes hasta el centro urbano de Azul.
Curiosidades que esconde el circuito serranoVecina de los monjes del silencio.
Siguiendo por el mismo corredor de la Ruta 80 se accede al famoso Monasterio Trapense de Azul, un oasis de clausura absoluta donde los monjes viven bajo la estricta regla de San Benito, dedicados a la oración y la producción artesanal.
Si bien la "capillita de piedra" de la ruta enamora por su escala humana, Chillar alberga en su planta urbana la monumental Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, una obra maestra del estilo neocolonial inaugurada en 1920. Fue diseñada por el célebre arquitecto Martín Noel gracias a la donación de Rosa Irene Anchorena de Fernández.
Tierra de gigantes, el camino hacia la Boca de las Sierras está custodiado no solo por la fe, sino también por la modernidad: los gigantescos molinos de viento del Parque Eólico Los Teros recortan el horizonte, contrastando la historia centenaria de las capillas con la energía del futuro.


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