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miércoles, 7 de octubre de 2026

Milagro de ladrillo y sol. La capilla sin luz ni sacerdotes que fascina al mundo en el campo cordobés. Capilla San Bernardo, La Playadita, Córdoba



En medio de la inmensidad de la llanura cordobesa, donde el horizonte parece infinito y el silencio solo se interrumpe por el viento, se erige una de las obras maestras de la arquitectura moderna argentina. 

Se trata de la Capilla San Bernardo, un pequeño templo ubicado en la zona rural de La Playosa, al este de la provincia de Córdoba. Lo sorprendente de este lugar no es su tamaño ni su opulencia, sino todo lo contrario: no tiene energía eléctrica, no cuenta con agua corriente, carece de puertas y ventanas, y en su interior jamás se celebran misas.Aun así, cada tarde ocurre allí un fenómeno astronómico y arquitectónico único que atrae a visitantes de todas partes.




El diseño: revivir el pasado

Diseñada por el multipremiado arquitecto rosarino Nicolás Campodónico, la capilla fue construida entre 2012 y 2015 en un pequeño monte de árboles. Para levantarla, se desmanteló una antigua casa rural y sus corrales con el fin de reutilizar sus ladrillos centenarios, cargando a la estructura de una profunda historia material.

Inspirada en las formas de los tradicionales hornos de carbón, posee una bóveda semicircular de ladrillo que prescinde por completo de ornamentos. Aquí, el vacío y la materia son los verdaderos protagonistas.





Una cruz hecha de tiempo y geometría

El mayor secreto de la capilla radica en su orientación hacia la puesta del sol. En el exterior del recinto, se instalaron dos maderos en forma separada: uno vertical y otro horizontal. De manera individual, ninguno de los dos maderos califica como un símbolo religioso.
Sin embargo, el verdadero "milagro" ocurre cada tarde en el interior curvo del templo.

Al caer el sol, los rayos atraviesan el espacio e introducen las sombras de ambos maderos.
Con el paso de los minutos, las dos sombras se deslizan por las paredes de ladrillo hasta unirse de forma perfecta, dibujando una cruz ritual diaria hecha puramente de luz, tiempo y geometría.




Para llegar a la Capilla San Bernardo.

Debés dirigirte hacia la zona rural de la localidad de La Playosa, en el sureste de la provincia de Córdoba, aproximadamente a unos 180 kilómetros de Córdoba Capital y a 45 kilómetros de Villa María.

🚗 Ruta desde Córdoba Capital (Auto)

El viaje demanda unas 2 horas y media en condiciones normales de tránsito. 

  • Autopista 9: Salí de la ciudad tomando la Autopista Córdoba–Rosario (AU 9).
  • Desvío en Villa María: Continuá por la autopista hasta la salida hacia Ruta Nacional 158 / Las Varillas.
  • Ruta Nacional 158: Tomá la RN 158 en dirección norte hacia La Playosa. Tras recorrer unos 40 km, vas a ingresar al pueblo.








sábado, 3 de octubre de 2026

El pueblo que el tiempo olvidó y la Corona española inmortalizó: los secretos coloniales de Villa Tulumba



En el norte profundo de la provincia de Córdoba, donde las Sierras Chicas empiezan a suavizarse, existe un rincón habitado por apenas 2500 personas que logró ganarle la pulseada al avance de la modernidad. Villa Tulumba es el pueblo más antiguo de Córdoba y un auténtico "museo a cielo abierto", distinguido por las Naciones Unidas en los prestigiosos premios Best Tourism Villages 2024 como uno de los pueblos más hermosos y sustentables del mundo. Caminar por sus calles empedradas, alumbradas por antiguos faroles de principios del siglo XX y escoltadas por imponentes casonas de adobe del siglo XVIII, es lo más cercano a abordar una máquina del tiempo.








🏛️ Los orígenes: de la resistencia originaria a las Mercedes Reales

Mucho antes de que los conquistadores españoles divisaran este valle serrano, el territorio estaba densamente habitado por la comunidad originaria de los sanavirones. Este pueblo, destacado por su avanzado desarrollo agrícola y sus sistemas de riego, dejó su huella eterna grabada en valiosas pinturas rupestres ocultas en los cerros cercanos.






A diferencia de otras ciudades, Villa Tulumba no cuenta con un acta fundacional tradicional. Su trazado comenzó a gestarse de manera espontánea a partir de 1585, cuando la Corona española empezó a otorgar estas tierras como "Mercedes Reales" (concesiones de estancias) a los primeros conquistadores en mérito a sus servicios. El asentamiento cobró vida propia y, para 1675, ya se consolidaba como un poblado formal impulsado por familias criollas, españolas y, más tarde, inmigrantes portugueses (como la influyente familia Ataide).

👑 La única Villa Real de Córdoba y el motor del Camino Real

Hacia finales del siglo XVIII, Tulumba se había convertido en un punto neurálgico para el Virreinato del Río de la Plata. Su ubicación estratégica, justo entre el Camino Real del bajo y el del alto, le permitía ser la gran aduana y puesto de control del comercio que unía al puerto de Buenos Aires con el Alto Perú (hasta la rica ciudad de Lima). Fue la época de oro del comercio de mulas: aquí se criaba y engordaba el ganado mular destinado a las minas de Potosí.






Al ver este imponente esplendor comercial, eclesiástico y político, el Marqués de Sobremonte solicitó formalmente su ascenso de categoría. Finalmente, en 1803, el Rey Carlos IV de España firmó una Cédula Real que elevó oficialmente al poblado con el título de "Villa del Valle de Tulumba". Con este decreto, se convirtió en la única localidad de toda la provincia de Córdoba fundada por ordenanza directa de la Corona española. Durante el siglo XIX, continuó siendo el centro administrativo y militar absoluto de todo el norte cordobés.


✝️ Intrigas políticas, la "Catedral del Norte" y tesoros artísticos.

Las calles de Tulumba no solo guardan comercio y realeza; también son el escenario de grandes secretos y tragedias de la historia argentina.

La conspiración de los Reynafé, sobre la emblemática Calle Real se encuentran los muros de la histórica casonas de la familia Reynafé. 
Fue entre esas paredes de adobe donde este poderoso clan político planificó meticulosamente la emboscada y posterior masacre de Barranca Yaco (1835), el trágico atentado donde fue asesinado el caudillo riojano Facundo Quiroga.

La Catedral del Norte

 

Así se conoce popularmente a la imponente Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, cuya piedra basal fue colocada en 1882 y bendecida por el mismísimo Fray Mamerto Esquiú. El templo convive codo a codo con las románticas ruinas de la primera capilla del 1700, generando un conmovedor contraste visual.

El Tabernáculo Jesuítico

En el interior de la iglesia se custodia una joya artística sin precedentes: un tabernáculo tallado en madera de cedro paraguayo y decorado completamente en hojas de oro. Esta obra maestra perteneció originalmente a la Compañía de Jesús en Córdoba y fue trasladada a Tulumba tras la traumática expulsión de los jesuitas en 1767.



🌲 El encanto de las Cuatro Esquinas y su mística natural.

Hoy en día, el corazón del pueblo late en las famosas Cuatro Esquinas, la intersección de calles pedreras donde los lugareños se reúnen a compartir leyendas locales a la sombra de los árboles. Los visitantes quedan fascinados tanto por la calidez de sus habitantes como por los senderos que bordean el Río Suncho y los mitos de la Salamanca que rondan la Ermita del Cerro.

Gracias a esta admirable conservación arquitectónica y a un modelo comunal que resguarda activamente el folklore, la gastronomía típica (como los tradicionales chivitos, colaciones y empanadas criollas) y las costumbres rurales, Villa Tulumba ostenta los títulos de Poblado Histórico Nacional y uno de los destinos sustentables más bellos del planeta. Un pueblo mágico que se niega a olvidar quién es.









miércoles, 30 de septiembre de 2026

Un balcón verde, sobre la ruta E53 Rio Ceballos, Córdoba


Aventurarse por los Caminos de las Sierras Chicas es descubrir un lienzo en movimiento donde la naturaleza cordobesa se manifiesta con su máximo esplendor. A tan solo unos 30 kilómetros de la capital provincial, el trayecto que conduce hacia la encantadora localidad de Río Ceballos se convierte en una experiencia sensorial única, repleta de curvas panorámicas, aire puro y miradores imponentes que obligan a detener la marcha.







Tanto si viajas por la tradicional Autovía E53 como si decides empalmar con el mítico e imponente Camino del Cuadrado (Ruta Provincial E-98), la travesía es un regalo para los ojos. A continuación, te compartimos los parajes y rincones visuales más hermosos que harán de tu viaje rumbo a Río Ceballos una travesía inolvidable.

Al avanzar por el faldeo serrano, la carretera regala imponentes miradores naturales que permiten apreciar la inmensidad del Valle de Punilla de un lado y la llanura cordobesa del otro. Son paradas obligadas para estacionar el auto, respirar profundo y sacar la cámara.






Si hay un momento perfecto para transitar esta ruta es la caída de la tarde. Los cielos cordobeses se tiñen de tonalidades cálidas y vibrantes que se reflejan sobre la vegetación nativa de molles, cocos y espinillos, creando una atmósfera mágica ideal para disfrutar con unos mates al costado del camino.

Ya en los accesos y alrededores de Río Ceballos, las panorámicas del embalse emergen como un espejo de agua turquesa custodiado por montañas. Desde sus miradores se contempla un paisaje perfecto donde la calma del agua se fusiona con la vida al aire libre.


Toda la ruta está inmersa en un denso bosque serrano que cambia de color según la estación del año. El aroma a hierbas silvestres como la peperina y el té de burro inunda las ventanillas bajas del auto, anticipando la paz que caracteriza a toda la región.