En el corazón más húmedo de la Cordillera de los Andes, donde el mapa argentino se confunde con el chileno, existe un lugar donde la naturaleza avanza sin pedir permiso. Se trata del paraje Chachín, un rincón protegido por el Parque Nacional Lanín que alberga la cascada más espectacular de la región.
El río Chachín, alimentado por las lluvias que superan los 4.000 mm anuales y el drenaje del lago Queñi, se topa abruptamente con una pared de piedra. El resultado es un salto ensordecedor de 30 metros que genera una llovizna constante, creando un microclima donde los helechos, los alerces y los coihues crecen con una exuberancia casi tropical.
Durante décadas, quienes se adentraban más allá de la cascada Chachín, siguiendo las antiguas sendas madereras hacia el sur o en dirección al cerro Chachín, se topaban a veces con una silueta silenciosa. Era Don Yeyo, un personaje real que vivió entre 1943 y 2010 y se convirtió en parte fundamental de la mitología local.