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lunes, 7 de octubre de 2019

ALEMANIA, SALTA Espectacular pueblo fantasma


Alemanía, con acento en la í, como lo pronuncian los salteños, es un hermoso pueblito de montaña que, olvidado en las clásicas rutas turísticas, aún conserva intactas sus historias de cuando pasaba el tren, de sus endemoniadas fiestas y de sus buscadores de oro. Imperdible

A 22 Km. de La Viña y a 107 Km. de la Ciudad de Salta.

Lugar donde se inicia la Quebrada de las Conchas de singular belleza.






Todo empezó con el ferrocarril

Ubicado a sólo 100 kilómetros de la capital salteña, Alemanía es hoy un pequeño pueblo casi fantasma (actualmente no viven en él más de 10 familias) que se encuentra entre la capital salteña y la vitivinícola ciudad de Cafayate.

Fue bautizado con el nombre del país europeo en honor a los obreros alemanes que dejaron su aliento en la construcción de un ramal que uniera la capital de la provincia con los valles Calchaquíes. Este pequeño paraje tuvo su época de gloria entre los años 1916 y 1920, cuando llegó el ferrocarril.





A tan sólo 17 kilómetros al Suroeste de la ciudad de Salta, se encuentra la localidad de Cerrillos, desde donde nacen dos ramales.

Uno es conocido mundialmente como Tren de las nubes (C-14). El otro, no tan famoso, pero mucho más importante y antiguo que el anterior, es el C-13.

La construcción del ramal C-13 obedeció a la necesidad de conectar Salta con la red principal de trocha métrica construida por el Estado, lo que se logró en 1892.




Pocos años después, se vio la conveniencia de prolongar esta vía a través del fértil valle, lo que significó un importante beneficio para la población local y la producción agrícola ganadera.

De la misma manera que el pasaje de la quebrada del Mojotoro permitió al ferrocarril acceder al valle de Lerma (Salta), el paso por la quebrada de Las Conchas posibilitaría al riel su ingreso a los valles Calchaquíes, con su principal asiento poblacional en Cafayate.

Hacia allí se dirigió entonces el esfuerzo del Ferrocarril Central Norte. Se estableció que su cabecera sería el pequeño poblado de Alemanía, a partir del cual se podía proseguir mediante diversos caminos hasta Cafayate, donde comenzaban a instalarse los primeros viñedos de uva torrontesa.




El far west a la criolla

La construcción del ramal que la unía con Salta, y de todos los otros ramales que pronto vendrían y unirían las provincias del norte argentino con distintos puntos del trasandino país de Chile, hizo que cientos de personas se instalasen en el pequeño poblado para ser parte de la expansión del ferrocarril.

Se dice que las expectativas eran tales que el pueblo se había convertido en un verdadero far west, donde los contratistas y subcontratistas se hacían millonarios cada vez que firmaban un contrato para extender las líneas férreas (todo se hacía a mano y con cuadrillas de decenas de personas) y que las fiestas duraban días en los cuales se disparaban al aire cientos de balas de revólver. El vino en la zona era más fácil de conseguir que el agua potable.

Fue tal la locura y la diversión de aquellos años, que diversos buscadores de oro y plata que se encontraban en Bolivia y el Alto Perú comenzaron a llegar hasta el lugar para dedicarse enteramente al ferrocarril, el nuevo color que había tomado el oro en estas latitudes.

Y que prometía expandirse rápidamente fomentado por el gobierno nacional de aquel entonces.

Este crecimiento desmedido trajo consigo todo tipo de excesos, vicios y placeres mundanos que, rápidamente, le valieron la acusación al lugar y a sus pobladores de haber realizado un pacto con el diablo. Para muchos, Alemanía paso a estar “endemoniado”.




La guerra y la paz

El auge y los excesos llegaron a su fin cuando se desató la Primera Guerra Mundial y se paralizaron las obras.
Allí comenzó el ocaso. Los contratos para extender el tren fueron anulados y las expectativas y grandes inversiones comenzaron a buscar otros destinos.

Ya en 1920 se retomó la actividad ferroviaria, pero esto no benefició a Alemanía y nunca se llegó a concluir la proyectada línea a los valles Calchaquíes

Sin embargo, los trenes continuaron arribando a Alemanía hasta 1971, fecha en que se interrumpió definitivamente el ramal Cerrillos-Alemanía. Pero ya no era lo mismo.

El pueblo pasó al olvido y quedó abandonado en el tiempo, como un pueblo fantasma.

Son tantas las sensaciones que despierta este pueblo, que hoy los turistas pasan horas caminando por sus calles, su vieja estación y sus casas abandonadas mientras charlan con algunos de los pocos pobladores que aún quedan allí.

Hoy, a pesar de que la línea férrea se encuentra dañada por las crecientes de los ríos que la rodean, hay quienes dicen oír todavía las vibraciones de los rieles y el bullicio popular que ocasionaba por esos años la llegada del tren.

Y es cierto, hay lugares donde aún es posible creer en fantasmas.




CAFAYATE DESCONOCIDA Cascadas Rio Colorado

La actividad más atractiva de la ciudad de Cafayate para los aventureros y los amantes de la naturaleza es, sin lugar a dudas, la caminata por las siete cascadas del Río Colorado. Claro que conocerlas en su totalidad será por demás difícil, en general se llega hasta la segunda o tercer cascada únicamente.

Antes de aventurarse en esta excursión hay que tener en cuenta que es un trekking con alguna dificultad, y además la complejidad aumenta a medida que el recorrido avanza y las cascadas van quedando atrás. El lanzarse en su búsqueda implica cruzar el curso del río varias veces, ida y vuelta, pasar por recovecos y pasadizos estrechos y resbalosos en las rocas, y hasta caminar por la cornisa con la montaña de un lado y el precipicio del otro. No es una excursión apta para niños, ni ancianos, ni personas con alguna dificultad física.






Más allá de estas advertencias, tampoco es necesario ser un profesional o tener un estado físico de atleta, al menos para llegar hasta las primeras caídas de agua. Pero sepan sí que habrá tramos difíciles y peligrosos. Eso sí, si están en condiciones de sortear estos obstáculos, las vistas (y si van en verano, el chapuzón bajo el agua helada) bien valen la pena.


Para comenzar a caminar hacia las cascadas habrá que salirse de los límites de la ciudad y llegarse hasta el paraje conocido como “Divisadero”, desde donde se puede tener una linda vista panorámica de Cafayate. Allí será necesario contratar a alguno de los guías de turismo campesino, que conocen bien la zona, porque hacerlo por cuenta propia no es para nada recomendable. El precio de la excursión no es fijo: depende de la época del año, el tamaño del grupo (en general ponen un precio por persona) y, sobre todo, hasta dónde realmente se llegue, ya que en cualquier momento uno puede decidir que hasta ahí llego y pegarse la media vuelta. Recomendación: intentar llegar a la segunda cascada, si se está en buena condición física, intentar la tercera.

Los guías son lugareños (incluso en algunos casos son niños) que no sólo conocen el camino por llevar a pastar a las cabras (varias de las cuales nos cruzamos nosotros en el camino), sino que además te pueden contar sobre la cultura, la historia y la forma de vida del lugar. Así nos enteramos, por ejemplo, que aquí se da el cruce de dos ríos, uno de los cuales está seco ya que se desvió para el riego de los viñedos cercanos. De hecho, nos cuenta cómo los antiguos dueños de estas tierras fueron engañados, por no tener la cultura suficiente para darse cuenta de lo que valían esas hectáreas, las cuales les fueron compradas por muy poco dinero y hoy son fundamentales para la industria vitivinícola y por lo tanto valen varias veces más que el precio pagado.






En casi todo el recorrido se va siguiendo el curso del río, lo cual suena lógico si lo que uno busca son justamente cascadas, pero a pesar de que el agua es potable nosotros no la podemos tomar. Eso se debe a la gran cantidad de minerales que contiene, lo que provocaría que nos caiga mal. Así que ya saben, lleven consigo agua mineral para la caminata.







No importa la época del año que vayas, las recomendaciones en cuanto al equipo a llevar son las mismas: gorro y protector solar, anteojos oscuros, ropa cómoda incluyendo de ser posible calzado de trekking (si es impermeable mejor) aunque no es excluyente, pero sí asegurate de que sean unas buenas zapatillas que no resbalen. Al hombro mochila con agua, algo de comer (nunca viene mal y hacer un picnic en la olla de una de las cascadas será un recuerdo memorable) y por supuesto, cámara de fotos.